Una breve historia de genocidio: el final de los Selk’nam

En 1974 falleció Ángela Loij. Con ella acabó el legado de una cultura milenaria que por generaciones había vivido en Tierra del Fuego. Junto a Lola Kiepja, quien había muerto unos años antes, Loij era la última mujer Selk’nam que nació y creció siguiendo el estilo de vida de su gente.

Los Selk’nam eran una tribu nativa de la zona austral que vivía a base de la cacería del guanaco, animal nativo de aquel lugar, cuyo pelaje usaban para vestir y levantar grandes tiendas en las que vivían familias enteras.

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Selk’nam vestidos con pieles de guanaco al lado de una tienda incompleta.

La extinción de esta etnia comenzó en la década de 1880 con la división del territorio austral entre Chile y Argentina. Este evento motivó la llegada de “emprendedores aventureros” que buscando oro acabaron teniendo enfrentamientos violentos con los nativos, quienes armados con arcos y flechas no podían protegerse de las rifles modernos de los mineros.

La aparición de misiones anglicanas y salesianas -que intentaban de alguna manera proteger a los nativos y convertirlos a la religión cristiana- contribuyó inconscientemente al exterminio de la gente que buscaban salvar. Estos lugares, donde los nativos vivían en condiciones de hacinamiento, propagaban enfermedades infecciosas como la gripe, tuberculosis y sarampión, causando una gran cantidad de fatalidades.

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Cazadores Selk’nam con sus arcos y flechas.

Como si esto no hubiese sido suficiente, la situación empeoró con la llegada de los estancieros que buscaban nuevas tierras para criar ovejas. Estos hombres, que habían hecho su fortuna explotando la tierra, vieron un inconveniente en los Selk’nam, quienes ante la migración de los guanacos -causada por las modificaciones que los europeos hicieron a la tierra- comenzaron a cazar ovejas. Para proteger sus intereses económicos, los terratenientes comenzaron a ofrecer cuantiosas recompensas a quienes dieran muerte a los nativos.

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El rumano Julius Popper, quien aparece en la foto junto a algunos Selk’nam muertos, hizo su fortuna en base a la caza de esta gente.

Antes de la llegada de los europeos los Selk’nam numeraban entre los 3.000 y 4.000 habitantes. Para la década de 1920 ya no eran más de 300, su cultura y forma de vida había sido absolutamente alterada por el genocidio perpetrado por los “nuevos dueños de la tierra”.

Fue en este contexto de decadencia en el que el misionero alemán Martin Gusinde conoció a los Selk’nam. El hombre de fe, que trabajó como profesor de Ciencias Naturales en el Liceo Alemán de Santiago y también como Jefe de Sección del Museo de Etnología y Antropología de la capital, realizó varias expediciones a Tierra del Fuego entre 1918 y 1924, investigando a las tribus Selk’nam, Yagán y Káwesqar, quienes para ese entonces ya se encontraban en vías de extinción y cuya cultura lentamente estaba desapareciendo.

Gusinde se hizo amigo de los nativos y trató de familiarizarse lo más que pudo con el estilo de vida, cosmovisión, ritos, valores y espiritualidad de estas culturas. Logró establecer lazos de confianza tan grandes con la gente de estos lugares que fue apodado “mankasen“, o cazador de sombras, e incluso se le permitió asistir y participar en el ritual Selk’nam del hain, la ceremonia de iniciación para los jóvenes de la tribu.

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Hombres disfrazados de espíritus.

En este ritual con rasgos teatrales los jóvenes aprendían importantes lecciones para la vida adulta a través del enfrentamiento de varias pruebas. En esta ceremonia los adultos de la tribu interactuaban con los iniciados usando elaborados disfraces decorados con pinturas hechas a base de ocre y hueso triturado, simulando ser los espíritus en los que solían creer.

Una considerable muestra del registro fotográfico de Gusinde, que incluye escenas del hain de dos jóvenes, está actualmente siendo exhibida de Lunes a Sábado en el Centro Cívico de Las Condes, ubicado al lado del metro El Golf. La exhibición, que durará hasta el 12 de mayo, cuenta con fotografías que el misionero alemán tomó de varios miembros de los pueblos Yaganes, Selk’nam y Káwesqar.

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Las impresiones expuestas en esta exhibición han sido producidas a partir de la completa digitalización de los negativos originales conservados por el Anthropos Institut de Alemania.

La entrada es liberada y en el recinto además se estará exhibiendo el documental “Los onas: Vida y muerte en Tierra del Fuego“, que muestra los últimos años de Ángela Loij. De manera similar, también se estará presentado el corto animado de Sebastián Pinto “Selk’nam“, que puedes ver a continuación:

Lamentablemente, Gusinde no pudo continuar registrando las costumbres de los pueblos de Tierra del Fuego porque el Ministerio de Educación decidió quitarle el cargo que tenía en el Museo de Etnología y Antropología, eliminando todo el apoyo financiero con el que contaba. La manera en que el gobierno chileno “agradeció” el trabajo del misionero hizo que dejara el país para volver a Europa, donde publicaría nuevos libros como “Hombres primitivos en la Tierra del Fuego” y “El mundo espiritual de los Selk’nam“.

Por muy significativo que haya sido el trabajo de Gusinde, es trágico pensar que lo que registró y conoció fue realizado en un período histórico en que las tribus de Tierra del Fuego ya estaban a punto de desaparecer, por lo que jamás podremos conocer con certeza cómo solían vivir en su mejor momento. La avaricia de unos pocos no sólo hizo que desapareciese esta gente, también causó que la memoria colectiva de sus tradiciones y formas de vivir se perdiera para siempre.

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